lunes, 21 de noviembre de 2016

España: Nación de naciones

El Estado de autonomías que salió fruto de la negociación y del consenso de la transición, ha sido francamente positivo en la historia democrática de nuestro país y representa la transformación más importante realizada en la Constitución.

Los constituyentes acordaron pasar de un Estado centralista, totalitario y defensor de la nación española como única opción, a construir un Estado muy próximo al federalismo. Los constituyentes sabían perfectamente que si querían que la Constitución fuera duradera, tenían que ahondar  y consensuar una postura intermedia entre los que defendían el centralismo nacional y los que abogaban por un federalismo que dotara de autogobierno suficiente a las diferentes nacionalidades y regiones que agrupan España. 

Sí, he dicho “diferentes nacionalidades y regiones” que es lo que nuestra Constitución recoge en su artículo 2. Por lo que cuando hablamos de que en España hay diferentes nacionalidades no me llame nacionalista, independentista o rupturista, me limito a defender el acuerdo que tanto bueno nos ha traído a todos los españoles.

Sabiendo de la dificultad de este entramado, todos aceptaron. Hoy, 38 años despúes y tras un Gobierno del Partido Popular con una política ultra conservadora de recentralización política y de continuos ataques al sentimiento nacionalista de las diferentes autonomías, vemos como el discurso nacionalista se mezcla con el rupturista. Tal vez, lo que tengamos que hacer todos los partidos es consensuar un nuevo modelo territorial dónde todos los actores se sientan cómodos.

A estas alturas, tanto la derecha mediática como el partido ungido por los poderes fácticos de este país intentan mentir y manipular para enfrentar los diferentes nacionalismos. Con un patriotismo de pacotilla y al grito “se rompe España” critican y alejan a una sociedad que se siente diferente.

Intentan unificar el criterio para forzar que nación y Estado sean vistos por la ciudadanía como un sinónimo cuando no lo son. Tachan al que se siente diferente, de antipatriótico y rupturista. Su estrategia siempre ha sido el enfrentamiento entre las nacionalidades para acabar con el Estado autonómico del que la derecha no cree.

El lenguaje aquí es fundamental, y tal vez, tengamos que recordar que Nación no es Estado y que nacionalidad no es sinónimo de residencia. Aunque los conceptos puedan dar a confusión, tienen diferencias notables que nos obligaría a utilizarlos en contextos diferentes.

Cuando hablamos de Nación  hablamos de una comunidad que comparte rasgos socioculturales como la lengua, la cultura o la religión. Aunque jurídicamente le intenten otorgar un sentido que la defina como sujeto en el que reside la soberanía. Nuestra constitución en este punto, lo deja meridianamente claro: “nuestra soberanía reside en el pueblo español”, no en ninguna Nación como por ejemplo si reflejaba en la Constitución de Cádiz de 1812 que en su artículo 2 decía “La soberanía reside esencialmente en la Nación”

Por lo que podemos entender, cuando hablamos de Nación hablamos de identidad y cuando hablamos de Estado su definición pasa por la organización de una agrupación humana que vive en un mismo territorio, bajo las mismas normas y la misma autoridad. Es curioso cómo nos intentan meter en nuestro subconsciente que denominarse como nación es sinónimo de ser un Estado, cuando usted puede buscar por sí mismo y verá que son cosas totalmente diferentes.

Y aunque nuestra Constitución ha dado buenos resultados, también es cierto que tras 38 años vemos que el problema de las particularidades nacionales no está resuelto. Frente a esta situación tenemos dos opciones, pararse a reflexionar e intentar una solución alternativa o seguir el juego de destrucción que ha comenzado la derecha  y echar a pelear el nacionalismo español con los nacionalismos catalanes, valencianos, vascos, canarios y gallegos.

Ante este eterno debate, el PSOE siempre ha optado por la misma solución un Estado Federal en el que se reconozca las sensibilidades de cada nacionalidad. Tanto que en el primer Congreso del PSOE despúes de Suresnes defendía con esta rotundidad la defensa del llamado estado plurinacional:

Defensa que ha seguido Congreso tras Congreso reafirmándose en la lucha por un Estado Federal en el que se reconozca el autogobierno de las diferentes nacionalidades que integran el Estado Español.
Hasta Felipe González no hace mucho, escribía junto a Carme Chacón en “El País” la siguiente afirmación:
Estas palabras no hacen más que fortalecer el proyecto socialista, el único proyecto en España que fue capaz de unir frente a una derecha que lo único que ha hecho cuando ha gobernado es ahondar más en la ruptura. Es el momento de ser de nuevo, el PSOE. De reclamar el Estado Federal, de reconocer como Nación a aquellas regiones que así lo sientan por identidad cultural, histórica o socio-política. Es el momento de separar la financiación del discurso identitario. Porque estamos hablando de sentimiento de pertenencia no de si una comunidad recibe unos miles de euros más o menos. Tenemos que ser capaces de abrir la mente, de aceptar que la España que tenemos conviven diferentes sentimientos nacionales y que solo desde el dialogo haremos de España un Estado unido y no enfrentado entre nuestras particularidades.

Copiar el discurso de la derecha nos alejaran de nuestros votantes. Copiar el discurso comunista también. Tenemos discurso propio, el que siempre hemos defendido, es el momento de ponerlo en valor y de reclamar un Estado Federal donde deje claro las competencias, donde reconozca el sentimiento identitario de cada nacionalidad y en la que el Senado recobra la importancia como cámara de representación autonómica.

Este es el camino que conviene a unos y otros, solo desde la unidad primero de los socialistas y luego de la ciudadanía podemos solventar la crisis territorial que llevamos sufriendo años y años. Es momento de unir, de coser, de consensuar… No es momento de dividir más, sino, lo que peligra es la convivencia de todos y todas.



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