viernes, 26 de junio de 2015

Ni chicha ni limoná

La ideología es esa línea que te define como persona y como partido. Aquella persona o partido que renuncie a tener ideología está “vendiendo” su alma al mejor postor. No creo en salva patrias que desvirtúan el sentido de la ideología. 


El discurso contrario a las ideologías no es nuevo, lleva en los libros de historias desde que el populismo nace y se reproduce tanto en Latinoamérica como con el movimiento anarquista liberal de Rusia. El discurso de “ni de izquierdas ni de derechas” es tan manido que lo utilizaba hasta Primo de Rivera. El discurso del fin de la ideología es el discurso de quien tiene algo que ocultar ¿Es que quiere ocultarse en esta estrategia de marketing político para no decir a sus votantes realmente lo que piensan? ¿O es que han hecho números y creen que en la indefinición ideológica lo mismo pueden arrastrar más votos?

La indefinición ideológica, es una definición ideológica en sí. Su ideología es el fin de las ideologías y con ello que la línea que separe lo aceptable de lo inaceptable, lo instaure su líder. Todo el poder de la ideología de estos partidos reside en el líder, que puede ser perfectamente un producto que se esconda en esta línea para tener todo el poder de un partido en sus manos y perpetuarse en el personalismo egocéntrico más rancio.

El fin de las ideologías supone la resignación de que hasta ahora nadie puede cambiar nada, que son ellos los llamados para el cambio. Su ideología sin ideología pone en peligro el voto en conciencia del ciudadano. El ciudadano debe conocer la ideología del que quiere votar. Los programas electorales mientras no exista una ley que obligue su cumplimiento, será papel mojado. Por eso, lo único a lo que un ciudadano puede agarrarse para votar con conciencia crítica, es a la ideología que representa cada partido o candidato. Si solo votamos a personas, y no a ideologías, estamos votando a gestores y no a políticos. El político lleva intrínseca la defensa de su ideología el gestor solamente que cuadren los balances.

Al final, el fin de las ideologías lo que supone es que la política vocacional desaparezca y se multipliquen los políticos profesionales. Esos que se acercan al sol que más calienta que no les importa renunciar a lo que creen mientras ellos estén en el poder. Esos que lo mismo militan en un partido pero no consiguen sus objetivos y van de partido en partido intentando colocarse. Como dice Victor Jara: “Usted no es na, ni chicha ni limoná, se la pasa manoseando, caramba zamba su dignidad”



No hay comentarios:

Publicar un comentario