lunes, 29 de junio de 2015

Ícaro ¿Y ahora qué?

La situación económica de Grecia es enérgicamente alarmante. Con una prima de riesgo que sobrepasa los 1300 puntos básicos y la ruptura de las negociaciones con la Troika, el futuro de Grecia es muy inestable. La instauración de un corralito en el que los bancos y la bolsa griega cierran y los cajeros solo permiten adquirir 60€ por día, hacen pensar que la caja de pandora se ha abierto en contra de la ciudadanía griega. 

Nuevamente, los egos de unos y de otros hacen improbable un acuerdo. Por un lado tenemos la arrogancia de Ángela Merkel y Alexis Tsiripas y por otro las guerras enmascaradas de dos ideologías contrapuestas que quieren ganar cueste lo que cueste.

Porque lo que estamos viviendo es eso, la enésima guerra entre el Capitalismo y el Comunismo. Ambos tenían en la mesa una solución en la que no hubiera ni vencedores ni vencidos, pero frente a eso, comenzaba la guerra de los egos.  Ángela Merkel no podía permitir que Alexis Tsiripas se saliera con un acuerdo en el cual Tsiripas no renunciara a la mayoría de propuestas de su programa electoral. Sobre todo por el efecto contagio que podría tener en la zona euro de países que están en vigilancia como Portugal, Italia, España etc. Para Merkel no solo se está hablando de temas financieros y económicos, sino que tiene un transfondo político de advertencia a aquellos partidos de Europa que quieran hacer lo mismo que Grecia y proponer por ejemplo no pagar la deuda, o una quita de la deuda, que al fin y al cabo es no pagar una parte.

Por otro lado tenemos al eje comunista liderado por Alexis Tsiripas y su ministro Varoufakis. Ambos sabían de la postura de Europa y de la deuda existente que tenía Grecia, aun con conocimiento hicieron un programa electoral inasumible en estos momentos. Proponían el impago de la deuda y un mayor gasto público, lo curioso es que para llevar eso a la práctica, apenas tocaba el sistema fiscal griego. Aun con todas estas premisas, y después de un mandato de recortes autericidas de la derecha de Grecia, Alexis ganó.

Aun sabiendo lo difícil que tenía la situación, Alexis, se cegó en su ego y creyó que Alemania se iba a rendir ante un chantaje de una posible salida del euro por parte de Grecia y un posible retroceso en la economía euro y en la credibilidad de la moneda única. No fue así. Junker, Dragui y Merkel hicieron movimientos para protegerse de esa tesitura.

A partir de ahí, los dos líderes se enfrentaron en una guerra de gestos políticos. Alemania aunó a los demás países de la eurozona con el discurso del miedo y Tsiripas, por su parte se alineó con un acuerdo con la Rusia de Putin.

¿Por qué Alexis Tsiripas no hizo un giño a la socialdemocracia europea y empezaron a  trabajar en conjunto para el fin del austericidio y el comienzo de la reactivación de las políticas de crecimiento? Si hubiera hecho eso, ahora mismo Grecia no estaría sola y seguramente no estaríamos en este punto de inflexión. Creo profundamente que si Grecia hubiese cedido un poco y hubiese aceptado la compañía de Hollande y Renzi otro gallo cantaría.

La postura de Alexis Tsiripas me recuerda al mito griego de Ícaro. Según esta historia, Ícaro y su padre Dédalo estaban encerrados en una isla sin poder salir. Dédalo se quedó mirando a los pájaros y pensó que tal vez fabricándose unas alas podrían volar hasta salir de la isla. Comenzaron a fabricarse unas alas con plumas y cera. Cuando terminaron, Dédalo le advirtió a su hijo que tuviese cuidado porque si volaba muy bajo el mar estropearía las alas, y si volaba muy alto, el sol calentaría las cera y terminaría cayendo. Cuando comenzaron su viaje, Ícaro comenzó a mover sus alas, cuanto más subía más contento estaba, gozaba del poder que le daba la libertad, se creía dios del cielo… Pero cuanto más subía más calor hacía y finalmente el sol derritió la cera e Ícaro se hundió en el mar.

Haciendo un símil entre mito y realidad, la postura de Tsiripas se parece a Ícaro. Tsiripas encerrado en unas promesas inasumibles, intenta volar como si fuera Dios sin pensar que sus posturas radicales pueden hacer mucho daño a su pueblo. Hasta tal punto volaba Tsiripas que dabas plantones a Europa y su ministro se iba de las reuniones de ministros económicos, como en la historia la cera se despega y el corralito llegó. Y… ¿Ahora qué?

Estamos en una guerra ideológica que prima los egos en vez de las personas. Alemania dice que si no aceptan la propuesta de la troika, perdón… instituciones comunitarias (vaya eufemismo) empobrecerá la zona euro y habrá un cisma económico. Grecia por su parte que si aceptan lastran la pobreza de su pueblo. ¿En quién confiamos? ¿Qué esperanzas tiene la política de consenso para un pueblo cansado de los recortes? ¿Hay opción al entendimiento? 

Espero, por el bien de los griegos que si.




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