martes, 18 de septiembre de 2012

El grito


Quien me conozca un poco sabe de mi gran afición a las obras de arte y sobre todo a la pintura. Diferenciando aquella pintura que esconde un mensaje encriptado, esa pintura que tienes que pensar en lo que el autor quiso decir. Es por ello que hoy rescato la grandiosa obra de Edvard Munch “El grito”.
Varias cosas me hacen pensar en esta obra de arte. La intranquilidad de la figura en su rostro  deformado es evidente, los tonos, las pinceladas, los dos paseantes, la simbología del puente, el río,  el fondo atardecer. Parece el epilogo de un libro. El final escrito de una situación. Una situación frustrante, llena de simbología.


Un personaje que airado por diferentes motivos se sorprende por algún porqué. Tal vez sea la incomprensión, o tal vez sea paso por paso aquello que le ha llegado a ese punto.
El autor nos trasmite un mar agitado de forma duramente violenta. En esos detalles nos refuerza la  angustia de la imagen principal. Un mar agitado con un futuro incierto. Un puente, claro  símbolo del paso del tiempo, el estado sujeto de una estructura que en cualquier momento puede verse dañada por ese mar inquieto.
La soledad que desprende el protagonista también se ve reforzada por las dos figuras distorsionadas que se posicionan lejos de el.
El paisaje se apodera de la forma con la que las pinceladas demuestran el momento de desazón que emerge por los colores tan contrarestados el rojo de un atardecer un momento de fin del día que puede representar el fin.
Todo un sinfín de pequeños detalles que nos presenta una imagen desesperada, intranquila y solitaria, con futuro incierto que llegado a un momento de angustia explota y ya da igual a quien tenga a su derecha, izquierda delante o detrás que atacará a quien sea.
Yo personalmente soy mas relajado en ese sentido, cuando mas estrés y mas presión me pones mas cuidado tengo con mis palabras puesto que la persona que tenemos delante no tiene culpa de cómo estemos nosotros. Es por eso que en momentos tensos es cuando mas tenemos que   cuidar nuestro lenguaje tanto verbal como no verbal.
Finalmente os invito a realizar una autoevaluación muy sencilla respondiendo solo a una pregunta. ¿Tienes la verdad? Esa es la pregunta que le hago una y otra vez al protagonista del cuadro, sobre todo por que todos creemos en nuestras verdades y afirmaciones, y no es mas que una opinión subjetiva en todo caso, pero opinión, y debemos de entender que existan personas que no compartan tu manera de pensar y forma parte de la libertad de expresión que dichas personas puedan libremente expresarse de un modo otro, por que tienes que entender que no existe una única verdad, ni siquiera la mía y que todas ellas son respetables.

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